Por César Guerra, director de Política Comercial en Euraffex y exjefe de la negociación técnica por parte de México con la UE

El comercio mundial está en serios problemas desde hace unos años por políticas proteccionistas que derivaron en guerras comerciales y que la pandemia empeoró notablemente. Según estimaciones de la OMC, el comercio mundial caerá entre 9 y 32 por ciento en 2020. Se estima que más de 80 países han tomado medidas para restringir las exportaciones de equipo médico y alimentos para privilegiar el abasto, incluyendo la Unión Europea (UE). Por otro lado, hay buenas noticias. Los lazos comerciales entre México y la UE se verán robustecidos cuando la modernización del acuerdo comercial entre ambas partes entre en vigor. El anuncio de ambos gobiernos esta semana deja entrever el consentimiento por parte del Consejo Europeo, es decir, los ahora 27 Estados miembros de la UE, al paquete detallado alcanzado en compras de gobierno a nivel estatal. El acuerdo en principio se anunció el 21 de abril de 2018.

No fue un proceso sencillo y las partes decidirán cómo proceder. La revisión legal inició en octubre de 2018 y está próxima a concluir. El documento final será traducido a los 22 idiomas oficiales del bloque. El Parlamento Europeo y el Senado mexicano deberán ratificarlo para que entre en vigor de manera provisional, lo cual podría suceder durante el transcurso del próximo año.

Al ser un acuerdo con temas que van más allá de las facultades que los Estados miembros delegaron en la Comisión Europea, como por ejemplo la protección de inversiones, se requiere la ratificación de los parlamentos nacionales para su completa implementación. La aplicación provisional permitirá la entrada en vigor de las concesiones en acceso a mercados de bienes.

Justamente ahí están los principales intereses de México. El acuerdo vigente entró en vigor en julio de 2000 y estableció las condiciones para liberalizar productos industriales y pesqueros, salvo el caso del atún. En ese entonces, el gran número de sensibilidades y los subsidios a la exportación de la UE llevaron a un enfoque limitado en productos agropecuarios, en el que las concesiones fueron acotadas o pospuestas para una modernización.

El nuevo acuerdo contiene pocos productos sin concesiones arancelarias y las principales sensibilidades se rigen por esquemas limitados. Para los intereses mexicanos, la miel, los espárragos, el jugo de naranja y el atún tendrán libre acceso gracias a este acuerdo. En otros bienes de interés para México como carne de res, plátano, alcohol etílico y azúcar, incluyendo especialidades como piloncillo y el jarabe de agave, se pactó acceso con ciertas condiciones. Entre los intereses europeos se encuentran lácteos, carne de cerdo, chocolates, pasta, duraznos enlatados y manzanas.

Reglas de origen fue un tema difícil que provocó varios desencuentros. México buscaba mayores flexibilidades a las que la UE ofrecía en el sector automotriz, actividad que representa alrededor de una cuarta parte del intercambio bilateral. Reglas más flexibles permitirían a un mayor número de armadoras establecidas en México beneficiarse del acuerdo. El resultado para el sector considera beneficios, algunos temporales, y la asignatura pendiente recae en los autos eléctricos. Otros temas controvertidos que se resolvieron con concesiones parciales son textiles, tabaco y café. El ejercicio arrojó una flexibilización en las reglas de origen para más de la mitad de los productos.

Los temas más importantes para la UE por las posturas de sus Estados miembros y Parlamento Europeo, para los que México tuvo que separarse de su esquema habitual, son compras de gobierno a nivel subfederal, la protección de indicaciones geográficas a gran escala y una novedosa corte para protección de inversiones.

Sobre el primer tema, es la primera ocasión que México compromete compras de gobierno de estados que suman alrededor de dos terceras partes del PIB. Esto permitiría mayor transparencia y la oportunidad de contar con bienes y servicios más accesibles en beneficio del erario. Asimismo, es la primera vez que la UE incluye compromisos sobre anticorrupción en un acuerdo comercial.

En indicaciones geográficas, considerando que ya existía un acuerdo para la protección de vinos y bebidas espirituosas, México protegerá 572 nombres europeos (232 vinos y bebidas espirituosas y 340 de alimentos y otras bebidas). Esta cifra es mucho mayor a lo que la UE acordó con Canadá (143), Vietnam (169) y Mercosur (351). La UE reconocerá a México 20 alimentos, 6 espirituosas y 19 artesanías, este último cuando la UE amplíe su marco regulatorio.

En el tema de protección de inversionistas frente a medidas del Estado, México aceptó trabajar bajo el nuevo esquema que la UE creó en su acuerdo con Canadá, y que ha perseguido en acuerdos bilaterales y foros multilaterales auspiciados por la ONU.

La importancia de la relación entre México y UE es innegable. La UE es la segunda fuente de inversión extranjera directa en nuestro país (un tercio del total) y el segundo destino de nuestras exportaciones, ambos después de EU. México es el primer país con el que la UE negoció un acuerdo en América, hace 20 años, y su actualización era necesaria.

Ambos legislativos considerarán este acuerdo por su valor económico y geopolítico. Será interesante ver cómo navegarán partidos europeos afines al partido en el poder en México que sistemáticamente votan en contra de estos acuerdos. Desde mi punto de vista, la ratificación sucedería en la primera mitad del próximo año, por lo que quedará en sus manos materializar los beneficios para las partes.

 

Fuente: El financiero 01-05-2020